La comida basura, detrás de la enfermedad de Alzheimer

El alzhéimer es una enfermedad principalmente metabólica. Es más, algunos científicos incluso defienden que se le cambie el nombre por el de ‘diabetes tipo 3’, tras demostrar que está causada por el deterioro de la respuesta cerebral a la insulina. El debate abierto por la revista New Scientist, que dedica su portada de septiembre a profundizar sobre el tema, está arrojando luz sobre el origen de una enfermedad que cada vez afecta a un mayor número de personas (la padecen 35 millones y de seguir esta tendencia en el 2050 la cifra aumentará a 100), pero de la que poco se sabe hasta el momento.

Entre la comunidad científica está comenzando a ganar cada vez más peso la tesis de que el alzhéimer guarda una relación directa con los hábitos alimenticios, por lo que se ha planteado la hipótesis de que las dietas ricas en grasa aumentan las posibilidades de contraer esta dolencia. Las personas con sobrepeso u obesidad y portadoras de diabetes tipo 2 son las potenciales víctimas de esta enfermedad.
Esta nueva tesis no es nada halagüeña sobre el futuro de una enfermedad llamada a convertirse en pandemia, ya que solo en Estados Unidos el porcentaje de población con diabetes tipo 2 se ha triplicado en las últimos treinta años. Según habían demostrado estudios anteriores, los diabéticos tienen entre dos y tres veces más de posibilidades de sufrir alzhéimer que el resto de la población.
Grasas y azúcares, en el origen del deterioro neuronal
Uno de los primeros estudios en los que se propuso que el alzhéimer era una forma más avanzada de diabetes data del año 2005 y fue realizado por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington. Por aquel entonces, los investigadores concluyeron que los niveles de insulina en el cerebro eran mucho más bajos en este tipo de pacientes que en el resto. Todo ello tras analizar los cerebros de personas muertas por la enfermedad y compararlos con los de otras personas que habían fallecido por causas distintas. La insulina en el cerebro actúa como regulador de la trasmisión de señales de una célula nerviosa a otra, por lo que afecta a su desarrollo, plasticidad y, en definitiva, a su supervivencia. "Los azúcares y las grasas interrumpen las señales de transmisión neuronal o sinapsis"
La enfermedad de Alzheimer se presenta en el cerebro, según los resultados del estudio, en forma de depósitos ricos en proteínas, llamados placas amiloides, mucho antes de que se inicie el declive cognitivo y la demencia. Aunque la causa de la enfermedad continúa siendo desconocida, se ha descubierto que los lugares donde se acumulan las placas se solapan con un grupo de regiones cerebrales que están activas incluso cuando las personas no están participando en tareas dirigidas a objetivos.
Los resultados mostraron que en personas con alzhéimer las placas se acumulan en regiones del cerebro que se corresponden con las mismas regiones cerebrales de personas sanas en las que se produce un proceso metabólico llamado glicólisis aeróbica. Dado que este proceso podría ayudar al cerebro a generar elementos constitutivos de las células, manejar subproductos metabólicos tóxicos y regular la mortalidad celular programada, los descubrimientos sugieren un posible vínculo entre las funciones cerebrales a las que proporciona energía la glicólisis aeróbica y el inicio de la enfermedad de Alzheimer.
A lo largo de los últimos años, varios estudios han reforzado estas conclusiones hasta llegar al punto de demostrar la relación de la dieta alimenticia con la demencia. Así las cosas, la comida basura está en el punto de mira de estos científicos, que desconfían de la perniciosa función de las grasas y el azúcar sobre el metabolismo cerebral. Todo ello en un contexto en el que los gobiernos de medio mundo ya han iniciado acciones sanitarias para frenar la expansión de la obesidad y el sobrepeso entre la población. Una lucha a la que cada vez parecen sumarse más argumentos.

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